Inge Dusi

Inge, mi amiga viajera en cuerpo y alma

(in italiano dopo le foto)

“Donne con lo zaino” es un sitio donde se encuentran y se reconocen esas lindas mujeres que han sabido darle a sus vidas un giro interesante y que vale la pena conocer. Es por esto y por mucho más que he querido presentarles a esta gran mujer, Ingeborg Schünemann, de nombre artístico Inge Dusi.

La conocí hace 9 años, cuando ella tenía 80 años, yo 59, y fue un verdadero regalo. Encontrar a una mujer tremendamente inquieta, curiosa, sensible, acogedora, divertida, de amplia cultura e integradora de culturas, de refinado interés por el arte, en fin, una persona a la que aprecias entrañablemente!

Hurgueteando por ahí pude descubrir que Inge nació en Alemania y al año de vida llegó al sur de Chile, al Lago Llanquihue, debido al trabajo de su padre, un Pastor Luterano.

Desde muy pequeña demuestra intereses artísticos y sensibilidad hacia la naturaleza que la rodea; integra en sus primeros dibujos y pinturas elementos de la naturaleza, dando forma a sus primeras obras. ¡Para ella todo lo que la rodea constituye un laboratorio de exploración!

Luego de realizar sus estudios escolares en Chile volvió a su País natal a estudiar Arte Textil. Ahí vio y practicó por primera vez la técnica del batik. De vuelta en Chile siguió desarrollándose en ese ámbito, luego fue invitada a integrar el taller 99 de grabado de un reconocido artista chileno, Nemesio Antúnez, quien le dio el merecido espacio, pero su inquietud por lo textil era más fuerte. Siguió investigando y experimentando y sus resultados la llevaron a participar en exposiciones de batik en el extranjero. Fue justamente en una de esas exposiciones donde ella cae rendida ante la técnica de la “amarra precolombina”, como la llama ella o “shibori”, como se le llama en Japón. Ahí conoció este sistema milenario de huellas dejadas por amarras y teñidos, y se le abrieron miles de posibilidades que ella fue explorando, incluyó también pliegues,

costuras y enrollado de telas. A partir de este hallazgo ella siguió buscando, investigando cómo trabajar esa técnica porque en Chile era totalmente desconocida. Ella considera que sus maestros fueron los pre-colombinos.

Por esos años fue contratada como profesora del departamento textil de la Universidad Católica, donde pudo perfeccionar sus conocimientos, ponerlos al servicio de sus alumnos y aportar al arte textil. Ganó una beca Fullbright que la llevó a palpar el quehacer en este ámbito en distintos planteles norteamericanos y perfeccionarse para entregar su conocimiento. Y así volvió a Chile: ¡una destacada artista textil única, genuina y auténtica!

Sin embargo, cuando Inge logra destacarse en Chile y su obra empieza a ser reconocida en nuestro País, el régimen político del momento, la dictadura militar, no está de acuerdo con el pensamiento de las élites artísticas y más que apreciar sus obras, considera que los artistas son un peligro para la estabilidad nacional. Es por este motivo que Inge, su marido, Marco Dusi, un destacado director de coros y su pequeña hija, Catalina, se ven forzados a dejar el País trasladándose a Costa Rica. Inge no se desanima, al contrario, cada cambio para ella es una nueva oportunidad de creación. Y ahí pasó años de mucha productividad siendo un aporte para el ámbito textil. Luego la familia se trasladó a Milán, ciudad de origen del marido, años que dedicó casi exclusivamente al diseño de vestuario y a la moda en general. Trabajó para Missoni y dos veces representó a Italia en el Fashion Foundation Contest en Tokio.

Volvió a Chile en 1997 y ahí retomó de lleno el shibori, la enseñanza de este y ayudó a visualizar la disciplina. Organizó simposiums internacionales y exposiciones con connotados artistas mundiales. Fue muy cercana a Yoshiko Wada, gran exponente del shibori en Japón, quien al ver la obra de Inge, no se convencía que no fuese hecha por una japonesa.

Reinició las clases con sus alumnas, artistas textiles, en su departamento, utilizando la cocina y el baño, y ahí les enseña la maravillosa alquimia del teñido, con telas precisas, miligramos exactos para conseguir los tonos deseados y con una actitud increíblemente minuciosa y perfecta.

Inge sigue adelante. Sus pies le están fallando, muchos dolores, pero ella no afloja! Le piden el departamento que habitan en Santiago, ¡tienen que cambiar casa a esa edad!, y tanto ella como su marido, grandes aventureros cercanos a los 90 años, deciden trasladarse a Viña del Mar. Así Marco no tendrá que viajar dos veces por semana en bus a trabajar con sus coros e Inge estará más tranquila. E inician una nueva vida ahora en la costa, ella siempre optimista integrando a su trabajo este nuevo escenario a pesar de sentir que su cuerpo se ha ido deteriorando, pero su espíritu le va dando ánimo y no la deja decaer. Voy a visitarla y caminamos por la orilla del mar, conversamos, nos reímos y disfrutamos como si nos hubiésemos conocido desde siempre y tuviésemos la misma edad. Esa es Inge: a pesar de su fama, de sus obras, de sus vivencias y de su sabiduría, ella es siempre la misma y se adapta a los demás.

Han pasado los años y la salud está débil. A petición de su hija, Inge acepta ir a Italia con su marido a vivir cerca de su familia. Ella dice: “No es fácil dejar Chile, pero uno tiene que estar donde están los sentimientos, donde está la familia!” Hoy vive en Italia en las cercanías del Lago Maggiore, cerca de su hija Catalina, su yerno y sus tres nietos. No ha seguido haciendo shibori pero está rodeada de sus hermosas obras dispuestas por toda la casa, cada una tiene una historia, las que ella recuerda con perfección. Si bien es cierto que sus manos están quietas, su mente ya está viajando hacia su próxima exposición que hará con el Comune, repasa las obras que aún tiene en Chile, piensa en cómo las hará traer a Italia, cuáles expondrá y yo, desde el otro hemisferio, me la puedo imaginar con qué perfección y tenacidad estará organizando todo y el lujo de exposición que montará.

Ana Maria Valdivieso

Inge, la mia amica di viaggio nel corpo e nell’anima

“Donne con lo zaino” è un blog dove si incontrano e si riconoscono quelle donne speciali  che hanno saputo dare alla loro vita una svolta interessante, donne da far conoscere.  Per questo e per altri motivi ho voluto parlarvi qui di una grande donna, Ingeborg Schünemann, dal nome d’arte Inge Dusi.

L’ho conosciuta 9 anni fa, quando lei aveva 80 anni, io 59.  É stato un vero regalo per me trovare una donna così irrequieta, curiosa, sensibile, accogliente, divertente, con una ampia  cultura in grado di  integrare altre  culture, con un raffinato interesse per l’arte,  una persona davvero speciale.

Indagando un po’ ho scoperto che Inge è nata in Germania. Dopo un anno di vita è arrivata nel sud del Cile, presso il lago Llanquihue, a causa del lavoro  di suo padre, pastore luterano.

Fin da giovanissima mostra interessi artistici e sensibilità verso la natura che la circonda.  Integra elementi della natura nei suoi primi disegni e dipinti, dando forma alle sue prime opere. Per lei, tutto ciò che la circonda costituisce un laboratorio di esplorazione!

Dopo aver completato gli studi scolastici in Cile, è tornata nel suo paese natale per studiare arte tessile. Lì ha conosciuto e praticato la tecnica del batik per la prima volta. Tornata in Cile, ha continuato a perfezionarsi in questo campo, poi è stata invitata a unirsi al laboratorio di incisione 99 di un famoso artista cileno, Nemesio Antúnez, che le ha dato il meritato spazio, ma la sua predilezione per i tessuti è stata più forte. Ha continuato perciò a ricercare e sperimentare e i suoi risultati l’hanno portata a partecipare a mostre batik all’estero. Proprio in una di quelle mostre si è incantata davanti alla tecnica della “cravatta precolombiana”, come la chiama lei o “shibori”, come viene chiamata in Giappone. Lì ha incontrato questo sistema millenario di tracce lasciate da ormeggi e tinture, e le si sono aperte migliaia di possibilità da esplorare, incluse anche pieghe, cucitura e arrotolamento di tessuti. Dopo questa scoperta ha continuato a cercare, indagando su come lavorare con questa tecnica che  in Cile era totalmente sconosciuta.  Ella ritiene che i suoi insegnanti fossero i precolombiani

In quegli anni viene assunta come docente nel dipartimento tessile dell’Università Cattolica, dove ha modo di perfezionare le sue conoscenze, metterle al servizio dei suoi studenti e contribuire all’arte tessile. Ha vinto una borsa di studio Fullbright che l’ha portata a sviluppare il lavoro in questo settore in diverse scuole nordamericane e a migliorarsi per trasmettere le sue conoscenze. E così è tornata in Cile: un’artista tessile eccezionale unica, genuina e autentica!

Tuttavia, quando Inge riesce a distinguersi in Cile e il suo lavoro comincia ad essere riconosciuto nel nostro Paese, il regime politico del momento, la dittatura militare, non condivide il pensiero delle élite artistiche e più che apprezzare le sue opere,  ritiene che gli artisti siano un pericolo per la stabilità nazionale. È per questo motivo che Inge, suo marito, Marco Dusi, un importante direttore di coro, e la loro figlia Catalina, sono costretti a lasciare il Paese per il Costa Rica. Inge non si scoraggia, anzi, ogni cambiamento per lei è una nuova opportunità di creazione. Lì ha trascorso anni di grande produttività dando un contributo al settore tessile. Successivamente la famiglia si è trasferita a Milano, città di origine del marito, anni che poi ha dedicato quasi esclusivamente al costume e alla moda in genere. Ha lavorato per Missoni e ha rappresentato due volte l’Italia al Fashion Foundation Contest di Tokyo.

Tornata in Cile nel 1997, riprende a pieno lo shibori, insegnando e aiutando a comprendere la disciplina. Organizza simposi internazionali e mostre con artisti di fama mondiale.   Si è molto legata a Yoshiko Wada, grande esponente dello shibori in Giappone, il quale, vedendo l’opera di Inge, non credeva  che potesse essere  stata realizzata da una donna giapponese.

 In Cile riprende le lezioni con i suoi studenti, artisti tessili, nel suo appartamento, utilizzando la cucina e il bagno, e lì  insegna loro la meravigliosa alchimia della tintura, con tessuti precisi, milligrammi esatti per ottenere i toni desiderati con una precisione  incredibilmente accurata e perfetta.

Inge va ancora  avanti. I suoi piedi le stanno venendo meno,  prova molto dolore, ma non si arrende! Le chiedono  di lasciare l’appartamento in cui vive a Santiago, è costretta a cambiare casa a quell’età! Sia lei che suo marito, grandi avventurieri vicini ai 90 anni, decidono di trasferirsi a Viña del Mar, così Marco non sarà costretto a  viaggiare due volte alla settimana in autobus per lavorare con i suoi cori e Inge si sentirà più tranquilla.  Iniziano una nuova vita sulla costa, lei è sempre ottimista nell’integrare questo nuovo scenario nel suo lavoro. Nonostante senta che il suo corpo si sta deteriorando,  il suo spirito la incoraggia e non le permette di decadere. 

Di tanto in tanto andavo a trovarla e camminavamo in riva al mare, parlando, ridendo e  divertendoci come se ci conoscessimo da sempre e avessimo la stessa età. Questa è Inge: nonostante la sua fama, le sue opere, le sue esperienze e la sua saggezza, è sempre la stessa e si adatta agli altri.

Gli anni sono passati, la  sua salute è debole. Su richiesta della figlia, Inge accetta di andare in Italia con il marito per vivere vicino alla famiglia. Dice: “Non è facile lasciare il Cile, ma bisogna stare lì dove sono gli affetti, dove c’è la famiglia!” Oggi vive in Italia vicino al Lago Maggiore, vicino a sua figlia Caterina, suo genero e i suoi tre nipoti. Non ha più continuato a fare shibori ma è circondata dalle sue bellissime opere disposte in tutta la casa. Ognuna  di esse ha una storia, che lei ricorda alla perfezione. Anche se è vero che le sue mani sono ferme, la sua mente è già in viaggio verso la sua prossima mostra che farà con il Comune, passa in rassegna le opere che ha ancora in Cile, pensa a come le porterà in Italia, a come le esporrà e io, dall’altro emisfero, immagino con quale perfezione e tenacia organizzerà e tutto il lusso dell’esposizione che allestirà.

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