La ciudad en cuarentena

Santiago de Chile

Hoy en la mañana tenía que ir a comprar al supermercado y a la farmacia pero en realidad, tenía la necesidad imperiosa de salir, caminar, respirar aire puro, escuchar a los papagallos que han invadido la ciudad, pisar las hojas de otoño, mirar la cordillera, sentir el aroma de la lluvia de anoche; en definitiva, luego de 97 días de encierro, sentí la necesidad de ir a vivir la ciudad!

Entré en Comisaría Virtual, busqué el permiso más largo, 3 horas, y elegí una farmacia lo suficientemente lejana de tal manera de poder caminar unos 45 minutos de ida y luego regresar.

Con el documento en mi celular partí decidida a conquistar ese espacio ya casi olvidado y muy perdido. Caminé con muchas ganas sin detenerme en ningún momento, y de verdad mi cuerpo me lo agradecía. Yo sentía que mis músculos se relajaban en cada paso que yo daba, la piel de mi cara se iba hidratando con el aire matutino, cada bocanada de aire que yo inspiraba era un deleite y mis sentidos iban alertándose con cada ruido, imagen y sensaciones percibidas. Disfruté cada momento de esa caminata, me crucé con pocas personas, todas forradas protegiéndose del virus. Tampoco habían muchos autos, los buses pasaban casi vacíos y muchas motos de delivery. Me tocó ver varias ambulancias y en su interior personal cubierto con mascarillas, viseras, trajes enteros blancos, guantes azules… Es muy impresionante verles ya que parecen personajes del futuro!

Al regreso, ya un poco más cansada, me fui mirando los negocios, los edificios, la universidad, los restoranes; muy impresionante, todo cerrado! Algunos cerrados temporalmente y otros terminados por los problemas económicos de la pandemia. La ciudad en silencio, las personas andan temerosas, las calles sucias, las hermosas hojas de otoño nunca nadie las recogió, la correspondencia botada en el ingreso de los edificios… ¡Qué sensación de abandono!

Mi recorrido terminó en el supermercado, hice la fila del adulto mayor, me tomaron la temperatura y entré a hacer la compra.

Misión cumplida! Volví a mi casa llena de percepciones buenas y no tan buenas, pero con la alegría de haber refrescado mis sentidos, mis pulmones y mi cuerpo. Y ahora vamos al día 98 de “Quédate en casa”!

Ana Maria Valdivieso

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